Cebada al cubo

panes 1809

Algunos compañeros en el trabajo hacen su propia cerveza, y muy rica tengo que decir. Un día les propuse que me dieran el cereal residual que les queda tras la maceración de la malta, el bagazo, pues había leído que es un añadido interesante en el pan. Lo probé en masas hidratadas con cerveza negra, obteniendo panes con un sabor tremendo al incorporar esas dos fuentes de cebada. Más tarde, para rizar el rizo, decidí añadir también harina de cebada negra. Ya tenía tres aportes de cebada (cebada “al cubo”), y produjeron unas piezas de sabor complejo y disfrutón a las que daba lástima añadir unte o alimento alguno. Hay panes que por derecho se pueden comer solos, y éstos sin duda pertenecen a ese club.

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El trigo del “milagro”


Decidí probar hace tiempo la harina miracolo (milagro) de la harinera italiana Molino Grassi. Tirando del hilo para ver de dónde procedía este trigo, me encontré con la historia (o historias) que paso a contaros. En ella encontraréis evolución, mutaciones, a Plinio el Viejo, a los Testigos de Jehová, caos terminológicos, historias de timos y engañifas, y por supuesto muy ricos panes.
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El trigo que se bebe el rocío

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Esta es la historia del “Aragón 03”, una variedad de trigo casi olvidada, mantenida sólo por dos hermanos octogenarios de Los Monegros para que no se perdiera, recuperada por una familia de la zona haciendo las delicias de los monegrinos, y elegida por su sabor por uno de los más influyentes chefs estadounidenses como “madre” para crear su propio trigo. Y que, sobre todo, produce unos panes integrales asombrosos. Sigue leyendo